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viernes, 4 de febrero de 2022

Atención al cliente

 

En la era de la comunicación, bancos, compañías eléctricas, telefónicas y cualquier empresa de dimensiones considerables que se precie, hace ya tiempo que abandonaron la atención al cliente. Aquella práctica otrora bastión de la política comercial de las empresas ha sido fulminada por una oferta interminable de webs, redes sociales y software telefónico, donde los usuarios desorientados se pierden y las compañías esconden la cabeza para no tratar directamente con los clientes.

Es paradójico que estas prácticas decadentes en las empresas coincidan con un fervor legislativo en defensa de los consumidores; pero suele pasar, es como la ley de protección de datos, que provoca el gasto de inmensas sumas de dinero para cumplir la norma pero que no garantiza cuestiones básicas como el respeto de la hora de la siesta, y te llaman impunemente, una y otra vez, para venderte una línea telefónica.

Lo peor, es que esta tendencia de alejamiento entre humanos se ha extendido a la administración pública, con sus webs tan interminables como ineficaces. Ya les valdría, con la cantidad de empleo público que se crea, reservar un poquito de ese empleo para trabajadores amables y solícitos que atiendan con un poco de humanidad. No se puede pedir menos.